La frase más dura del Libro de los Documentos sobre la bebida es una orden: «Si la gente bebe en grupo, no los dejéis escapar; prendedlos a todos y traedlos de vuelta a Zhou, que yo los haré matar». Antes de nada, conviene preguntar quién habla y a quién. Habla el duque de Zhou; el destinatario es Kang Shu (康叔), a quien ha dado en feudo Mei (妹土), en el viejo corazón del país shang. Esto es una proclama de los Zhou dictada sobre un país conquistado. No es una ley shang, y de las normas shang sobre el vino no se conserva ningún estatuto.

Beber en grupo: prenderlos y enviarlos a Zhou

La orden está en el «Anuncio sobre el vino» y sigue con una segunda cláusula: «Pero a los muchos oficiales y artesanos que trajo consigo Yin, si se sumergen en el vino, no hay necesidad de matarlos; por ahora, solo enseñadles. Quienes teniendo esta clara garantía no hagan caso de mis palabras de instrucción —si yo, el hombre único, no me apiado de ellos, si sus asuntos no quedan purificados, entonces serán muertos igualmente». Leídas las dos cláusulas juntas, la política es una escala graduada, no una prohibición: al que bebe en grupo se le prende y se le mata; al oficial yin se le enseña primero y solo se mata al que reincide. Nótese a quién se exime: oficiales y artesanos, los hombres de oficio que un régimen nuevo necesitaba.

Lo interesante está justamente en esa escala. Mei era tierra recién conquistada, y los gobernados habían sido súbditos de la dinastía anterior. Una proclama que abre con una ejecución y luego concede una excepción a los artesanos yin no dice cuánto bebían los shang. Dice cómo un régimen nuevo fija las condiciones en un lugar que acaba de tomar. De la aplicación —quién denunciaba, cuántas veces se recurrió a la excepción— no hay registro alguno.

Cuándo estaba permitido beber

Y, aun así, el mismo capítulo permite beber. «No beban sin cesar» es la regla general; luego: «en los diversos estados, bebed solo en los sacrificios, y que la virtud os sostenga, sin embriagaros». El sacrificio es una licencia, y la fórmula «que la virtud os sostenga» convierte la licencia en una prueba de compostura. Lo prohibido nunca es el vino, sino la ocasión equivocada: el grupo, la costumbre, el perderse a uno mismo. La gramática es la de un permiso con condición, no la de una prohibición.

La concesión más inesperada es para los propios habitantes de Mei: «En Mei, continuad vuestras fatigas de brazo y pierna; dedicáos a sembrar mijo; corred a servir a vuestros padres y mayores. Luego uncid el carro de bueyes y la carreta, id lejos a comerciar y mantened a vuestros padres. Cuando vuestros padres se alegren, y hayáis lavado las vasijas y puesto la buena comida, podréis echar mano del vino». Trabajo, comercio, sustento de los padres —y después la bebida, en la fiesta de los padres. El orden de la frase es la regla: la copa va al final.

La explicación de los Zhou: el auge y la caída, archivados bajo el vino

El mismo discurso explica la historia, y conviene no olvidar de quién es la explicación: es el duque de Zhou quien habla. De los antiguos reyes Yin dice: «Desde Cheng Tang (成汤) hasta Di Yi (帝乙)… no se atrevieron a sumergirse en el vino; y no solo no se atrevieron, es que no tenían tiempo para ello». Del último: «El rey sucesor de nuestros días se entregó al placer… quedó del todo abandonado al vino, sin descanso, a su gusto… por eso el Cielo envió la ruina sobre Yin». Y de los Zhou mismos: «Nuestra tierra del oeste… aún pudo usar la enseñanza del rey Wen y no bebió en exceso. Por eso hasta hoy hemos recibido el mandato de Yin». Auge y caída, ambos archivados bajo el vino: esto es una explicación política del cambio de dinastía, no un registro del consumo. El pasaje cierra su explicación con una fórmula: «El Cielo no fue cruel: el pueblo se atrajo la culpa».

El cuadro de los Han

Mil años después, el historiador de los Han Sima Qian (司马迁) le puso una escena al último rey shang: «Hizo un estanque de vino y un bosque de carne, dejó que hombres y mujeres se persiguieran desnudos entre ellos y celebró borracheras toda la noche». La imagen es famosa, concreta y tardía. Sale de un escritor de los Han Occidentales que cuenta la caída de una dinastía, y hay que leerla con esa fecha puesta: cuanto más vívida es, más es un cuadro han de la corte shang y no un testimonio shang. El mismo párrafo le da una reina y una banda sonora: amó el vino y el placer, se prendó de Da Ji (妲己) y seguía sus palabras, e hizo que Shi Juan (师涓) compusiera músicas licenciosas nuevas, las danzas del barrio del norte, las canciones que minan la voluntad.

En el mismo pasaje se dice que el rey subió los impuestos para llenar de dinero la terraza Lu (鹿台) y de grano el puente Ju (钜桥). Son cargos distintos, puestos al lado del vino, no causas unidas a él; el texto no sostiene que lo uno produjera lo otro.

Tres capas de pruebas, y aquí solo hay dos

Para una pregunta así se reunirían normalmente tres tipos de pruebas: un testimonio de la época shang misma, una tradición literaria posterior y los restos materiales, es decir, las copas y vasijas de bronce que la arqueología recupera. Lo que este artículo tiene es solo la mitad «posterior», en dos piezas: una proclama de los primeros Zhou y una retrospectiva de los Han occidentales, ninguna de ellas un documento shang. La capa shang misma y la capa arqueológica faltan ambas. Por eso aquí no se cuenta cuánto bebía nadie: ni precios, ni volúmenes, ni número de bebedores. Y justamente por eso importa la tercera capa que falta: las copas de bronce de las tumbas —gu (觚), jue (爵), jia (斝)— hablarían de tipos de vasija y de enterramiento, no de cuánto se bebió; este artículo no las usa como prueba de consumo.

De ahí salen los límites. Esto no prueba que los shang bebieran más que nadie; prueba que los Zhou lo decían y que legislaron sobre ello. La caída de Shang se da como explicación zhou, no como sentencia. «Un estanque de vino y un bosque de carne» es una imagen literaria, no un yacimiento: no señala un lugar ni mide nada. Y la orden contra la bebida en grupo pertenece a los Zhou, no a ningún código shang.

Leído de principio a fin, el «Anuncio sobre el vino» no es un tratado sobre el gusto. Es un documento de gobernante: reglas para una provincia conquistada, una excepción para sus hombres de oficio, una licencia para el sacrificio y para la fiesta de los padres, y una teoría de por qué el Cielo cambió de bando. Eso es lo que sobrevive. Lo que los propios shang decían de la bebida no está en el material usado aquí, y este artículo no lo suple. La voz del capítulo es la de un fundador que habla a un gobernador de una provincia conquistada, y esa es la voz que el lector debería oír.

Fuentes y lecturas recomendadas

  1. 《尚书·酒诰》(西周初,周公诰康叔;维基文库本) — A Zhou text, not a Shang one: the Duke of Zhou's proclamation to Kang Shu and the people of Mei. It orders that those who drink in groups be seized and brought to Zhou to be killed, while Yin officials and craftsmen who drink are first to be taught and killed only if they persist; it allows drinking at sacrifices 'with virtue, without drunkenness', and allows the people of Mei to drink when they honour their parents. The same speech explains Shang's fall by its last kings' drinking and Zhou's rise by its own abstention.
  2. 司马迁《史记》卷三·殷本纪(西汉;维基文库本) — A Western Han retrospective, about a millennium after the events: King Zhou 'made a pool of wine and a forest of meat, let men and women chase each other naked among them, and held drinking bouts through the night.' Used only as a Han picture of the Shang court, never as Shang-period evidence. The same passage separately mentions taxes filling the Lu Terrace and the Ju Bridge; the two charges are not joined as cause and effect.