A finales de los Reinos Combatientes, en los mercados del estado de Qin había una norma sobre cómo cobrar. Cuando los talleres del gobierno o las tiendas oficiales vendían algo, el dinero recibido tenía que ir en el acto a un qianxiang (钱缿, el recipiente donde se depositaba el dinero cobrado), y tenía que ir a la vista de quien pagaba —«令市者见其入», que el que compraba viera entrar las monedas—; el que no lo hacía pagaba una multa equivalente a una armadura. Es el momento más concreto de todo el material: no un discurso sobre el comercio, sino un hombre con monedas de bronce en la mano que las suelta delante del dueño del puesto. Lo que el mercado de los Reinos Combatientes nos ha dejado es, sobre todo, esto: gestos menudos y muy materiales, y varias capas de texto que no acaban de encajar en una sola imagen.
Un día, tres mercados
La descripción más completa de un mercado sale del Zhouli (周礼, los Ritos de Zhou), en el apartado que el capítulo Dijia Situ (地官司徒, la Oficina de la Tierra) dedica al sishi (司市, el director del mercado). Y es un plan, un proyecto de administración, no un reportaje. Según su diseño, el día se dividía en tres sesiones: «el gran mercado se abre cuando el sol declina, y lo frecuenta la gente de la ciudad»; «el mercado de la mañana se abre a primera hora, y lo frecuentan los mercaderes»; «el mercado del atardecer se abre al caer la tarde, y lo frecuentan los vendedores ambulantes, hombres y mujeres». Un mismo mercado que cambia tres veces de público: al por mayor por la mañana, al detalle por la tarde y, al anochecer, el comercio menudo. Conviene decirlo sin adornos: esto es lo que el texto manda; ni el plano de una ciudad ni un libro de cuentas demuestran que las tres sesiones funcionaran así (las fuentes no lo cuentan).
La apertura era un pequeño ceremonial. Los xu (胥, los vigilantes) montaban guardia en la puerta con el látigo y la vara de medir —«执鞭度守门»—; dentro, los funcionarios «平肆、展成奠贾»: ordenaban las filas, revisaban la mercancía y fijaban los precios. Después se izaba una bandera en el sici (思次, la oficina del mercado) —«上旌于思次以令市»— y solo entonces quedaba abierto. El precio lo establecía el gushi (贾师, el maestro de precios): distinguía las mercancías, igualaba las calidades y, una vez fijado el precio, permitía vender. En un año malo tocaba «禁贵儥者», prohibir a los que vendían caro, impedir el acaparamiento y mantener lo que el texto llama el hengjia (恒贾, el precio constante).
Una hilera para cada mercancía
El espacio interior se organizaba de dos maneras: por cixu (次叙, zonas) y por si (肆, hileras), con las mercancías del mismo tipo juntas —«以次叙分地而经市,以陈肆辨物而平市»—. Cada hilera tenía un sizhang (肆长, jefe de hilera), y la regla para colocar los puestos tenía su gracia: «名相近者相远也,实相近者相尔也», lo que se confunde por el nombre se separa, lo que se parece de verdad se pone junto. La vigilancia era densa y escalonada: un xu por cada dos hileras, un siji (司稽, guardia del mercado) por cada cinco, un sibao (司虣, guardia) por cada diez, y por cada veinte un xushi (胥师, inspector) y un gushi, cada uno con dos escribas. Arriba, el sishi manejaba nueve instrumentos: zonas, hileras, prohibición del lujo, circulación de mercancías, pesos y medidas, contratos, denuncia de lo falso, penas y tesorería. Vender lo malo disfrazado de bueno era falta tipificada —«察其诈伪、饰行、儥慝者而诛罚之»—. Los tratos grandes se escrituraban con un zhi (质) y los pequeños con un ji (剂); el zhiren (质人, el oficial de contratos) redactaba unos y otros y además «同其度量,壹其淳制», unificaba pesos y medidas.
Cinco gravámenes y una tesorería
El que cobraba era el chanren (廛人, el recaudador), y lo que cobraba eran los wubu (五布, los cinco gravámenes): 絘布, 总布, 质布, 罚布 y 廛布. Todos «入于泉府», es decir, iban a parar al quanfu (泉府, la tesorería estatal). Qué cubría cada uno de los cinco se discute desde hace dos mil años; el texto da los nombres y no las tasas, así que aquí se quedan como nombres, sin forzar la interpretación. En año de hambre, epidemia o luto, «市无征»: no se cobraba nada. El quanfu, por su parte, usaba ese dinero como capital: compraba al precio de mercado lo que no se vendía y se quedaba atascado —«敛市之不售、货之滞于民用者,以其贾买之»—, y luego lo fiaba a quien lo necesitaba, diez días para los sacrificios y tres meses para los funerales, con el interés tomado en servicio público, «以国服为之息» (yi guo fu wei zhi xi). Hasta el ritual mantenía el mercado aparte: si el señor lo cruzaba, se perdonaban las penas; su esposa pagaba una cortina, el heredero un dosel, los altos cargos una cubierta y sus mujeres otra cortina.
El recipiente del dinero
El material de Qin es lo contrario de un plan. Los manuscritos de Shuihudi (Shuihudi), en la sección «Pasos y mercados» de las Qinlü shi ba zhong (秦律十八种, las dieciocho materias de las leyes de Qin), dicen: «为作务及官府市,受钱必辄入其钱缿中,令市者见其入,不从令者赀一甲». Se refiere a los talleres del gobierno y a las ventas oficiales: el dinero cobrado entraba en el acto en el qianxiang, a la vista del comprador, y si no, multa de una armadura. Lo que esto demuestra es poco y es sólido: el estado vendía en el mercado, cobraba en moneda de bronce, el cobro tenía que ser visible y la sanción se pagaba en especie, en armadura. Lo que no demuestra es de qué estaba hecho el qianxiang: el texto solo dice qianxiang, y no hay más. Tampoco sirve para afirmar que todo el mundo pagara con moneda: circulaban daobi (刀币, monedas en forma de cuchillo), bubi (布币, monedas en forma de azada) y huanqian (圜钱, monedas redondas), pero el trueque seguía siendo común. Y la fecha importa: es ley de Qin a finales de los Reinos Combatientes, representa el sistema Qin y no una norma común a todos los estados.
La fanfarronada de Linzi
El número más famoso del comercio de la época es, en realidad, un discurso. Su Qin (苏秦) quería convencer al rey de Qi y le dijo que Linzi (临淄) tenía 70.000 hogares; a tres hombres por casa, calculaba él, salían 210.000 hombres. Y las calles, decía, estaban tan llenas que los ejes de los carros chocaban y los hombros se rozaban —«车毂击,人肩摩»—, que las ropas unidas hacían cortinas y las mangas un toldo, y que el sudor caía como lluvia. Es la retórica de un persuasor: la cifra y las imágenes están al servicio del argumento, no son un censo. Sirve para decir que Linzi era una de las mayores ciudades comerciales de su tiempo; no para sostener que él contara 70.000 hogares. En el otro extremo está Mencio, que defendía «市,廛而不征»: que el mercado diera el suelo y no cobrara impuesto. Es una propuesta de impuestos bajos y, precisamente por eso, prueba por contraste que cobrar era la práctica.
Puestas en fila, las capas no componen un cuadro. El Zhouli describe una administración que quizá nunca funcionó así; los manuscritos de Qin son la ley de un solo estado en un momento dado; la muchedumbre de Su Qin es retórica; el mercado sin impuesto de Mencio es un deseo. Lo que todos presuponen es la misma máquina: un mercado que se abría con una señal, mercancía que había que tasar antes de venderla, puestos ordenados por hileras, contratos para los tratos grandes, pesos y medidas unificados, varios tipos de gravamen y un recipiente para el dinero. Si una ciudad concreta abría de verdad tres veces al día, pagaba cinco gravámenes o uno, y si todos pagaban en moneda de bronce, es algo que las fuentes no responden. Lo único seguro es aquel gesto: alguien obligado a soltar las monedas en el recipiente, delante de quien pagaba.
Fuentes y lecturas recomendadas
- 《周礼·地官司徒》(司市、质人、廛人、胥师、贾师、司虣、司稽、肆长、泉府各条) — 制度蓝图,非实录:三场市、举旗开市、次叙与肆、五布、泉府敛赊;成书年代有争议,正文一律写「《周礼》规定/设想」
- 《孟子·公孙丑上》 — 「市,廛而不征」的轻税主张,反证当时市场征税是常态
- 《史记》卷六十九·苏秦列传 — 临淄「七万户」「车毂击,人肩摩」;纵横家说辞,有夸张,不作人口统计
- 睡虎地秦简《秦律十八种·关市》(战国末秦制) — 「受钱必辄入其钱缿中,令市者见其入,不从令者赀一甲」;只代表秦制,不代表列国通例




